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Quiere subastar su virginidad para seguir estudiando

Una mujer de 28 años que reside en Valencia, de nacionalidad ecuatoriana, ha decidido subastar su virginidad para poder seguir estudiando y adquirir "alguna estabilidad financiera", según se puede ver en un anuncio que ha colgado en Internet y al que acompaña con una fotografía.

"No creo que subastar mi virginidad vaya a resolver todos mis problemas, pero me proporcionará alguna estabilidad financiera", añade Evelyn en el anuncio, en el que el precio inicial está fijado en 15.000 euros.

Al parecer, Evelyn también necesita dinero para sufragar un tratamiento para su madre, que está enferma. Según dice la joven, ha sido educada "bajo principios religiosos" y que la persona que puje por su virginidad recibirá un certificado médico como prueba de la misma.

Según el anuncio en el que se detallan las condiciones del acuerdo, Evelyn deja muy claro que no quiere una cita romántica ni que se pueda prolongar en el tiempo.

Hace unos meses pasó lo mismo también con otro joven ecuatoriano residente en Barcelona, en este caso vendía un riñón.

Según Ramiro, no vio otra salida para la situación que estaba viviendo después de llevar cuatro meses parado del trabajo que tenía anteriormente, la construcción, sector que ha sido muy afectado por la crisis.

En abril Facua-Consumidores en Acción, denunció a la policía un total de 31 anuncios de venta de órganos para transplantes a través de Internet.

Según ha dicho la organización, en su mayoría son anuncios españoles pero también hay ofertas de personas originarias de varios países latinoamericanos.

Se trata de ofertas de venta de riñones, pulmones y médula realizadas por personas que indican estar atravesando graves problemas económicos.

La desesperación por la crisis llevó en diciembre a un ciudadano dominicano que vive en España a hacer una propuesta insólita: ofrecer su cuerpo una vez que haya muerto a los organizadores de una exposición sobre cadáveres humanos a cambio de 220.000 euros (unos 312.000 dólares) para pagar la hipoteca de su casa.

Lorenzo B.J., padre de cuatro hijos y sin trabajo, no vio otra salida y, tras hablar con su mujer, mandó un correo electrónico a los organizadores de la exposición "Érase una vez...el cuerpo humano" con su ofrecimiento.

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