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Se ató a dos cadáveres para no morir en el mar

Un submarinista sufrió un accidente con una embarcación en la que resultaron muertos dos de sus compañeros en la ría coruñesa de Noia.

Para no morir de frío, se ató a los dos cadáveres y así estuvo siete horas en el mar hasta que lo rescataron.

Se llama José Manuel Pérez Míguez y fue el único superviviente. Según relató después de ser rescatado, se ató a sus compañeros para que la corriente no lo arrastrara y así también evitó morir de hipotermia porque estaba desnudo de cintura para arriba.

Los tres desaparecidos habían salido a practicar pesca submarina y se produjo el accidente cuando se rompió el cable de la hélice que desestabilizó la embarcación, lo que produjo muerte de dos de ellos por graves heridas en la cabeza.

José Manuel fue encontrado tras siete horas agarrado a la embarcación que estaba volcada y atado a sus dos compañeros.

Solían salir habitualmente al mar a practicar la pesca submarina. Los dos fallecidos son primos y tenían 26 años, Juan Torres Parada y Benigno Torres González.

Francisco Quintáns, amigo de las víctimas y empleado de la Cofradía de Pescadores, participó en las tareas de búsqueda y relató que José Manuel le había contado que el cable de la hélice se rompió y la embarcación comenzó a dar vueltas y que él se encontraba en proa y "sólo llevaba puesto el pantalón de neopreno", por lo que todo ese tiempo que estuvo en el mar lo hizo a torso descubierto y fue cuando decidió atarse a sus compañeros para no morir de frío.

Según le dijo, pensó que "si moría, rescatarían los tres cuerpos juntos y si se salvaba y lo encontraban, podría enterrar a sus amigos".

"En algunos momentos sentía mucho frío, pensaba que iba a morir", dijo José Manuel.

Según Quintans, que solía jugar a fútbol con los dos primos fallecidos, José Manuel "se apoyaba en los cadáveres" para evitar el oleaje y el frío.

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